Un estudio proyecta que el estrés térmico peligroso podría afectar al 53 % del país durante el monzón con un calentamiento global de 2 °C
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
El calor extremo combinado con una humedad elevada está ampliando en India las condiciones bajo las cuales el cuerpo humano pierde capacidad para enfriarse mediante la sudoración. Una investigación dirigida por científicos del Instituto Indio de Tecnología de Gandhinagar, con participación de las universidades estadounidenses de Stanford y Purdue, advierte que este estrés térmico “no compensable” podría extenderse con rapidez durante la temporada del monzón.
El estudio, publicado en la revista AGU Advances, analizó observaciones y datos climáticos correspondientes al periodo 1979-2021. Los resultados muestran que tanto la frecuencia de estos episodios como la superficie afectada aumentaron significativamente durante las últimas décadas.
Cuando sudar deja de enfriar el organismo
El estrés térmico no compensable aparece cuando el calor que recibe o produce el organismo supera su capacidad para disiparlo. Bajo esas condiciones, la temperatura corporal puede seguir aumentando incluso si una persona permanece a la sombra, descansa y dispone de agua.
La humedad desempeña un papel decisivo porque reduce la evaporación del sudor. Cuando el aire contiene una gran cantidad de vapor de agua, el cuerpo puede continuar sudando sin conseguir liberar suficiente calor, elevando el riesgo de agotamiento, golpe de calor y daños en órganos vitales.
Este peligro puede describirse mediante la temperatura de bulbo húmedo, una medida que combina temperatura, humedad y presión atmosférica para estimar la capacidad de enfriamiento por evaporación. Sin embargo, los investigadores señalan que utilizar únicamente ese indicador o la temperatura convencional puede introducir sesgos entre regiones y estaciones con condiciones ambientales diferentes.
Para representar mejor la respuesta humana, el equipo desarrolló una métrica fisiológica que relaciona la temperatura del aire con la de bulbo húmedo. Este enfoque permite distinguir entre el calor seco predominante durante parte del verano y el calor húmedo que adquiere mayor importancia con la llegada del monzón.
Investigaciones anteriores ya habían advertido que India y Pakistán deben prepararse para episodios térmicos más severos, precisamente porque la combinación de temperatura y humedad puede resultar más peligrosa que cualquiera de esos factores por separado.
La superficie expuesta se cuadruplicó desde la década de 1980
Durante el periodo observado, el estrés térmico no compensable afectó aproximadamente al 9 % de la población de India. Las zonas expuestas registraron entre uno y 15 días anuales considerados de especial preocupación.
La extensión territorial donde aparecieron estas condiciones pasó de unos 10.000 kilómetros cuadrados durante la década de 1980 a cerca de 40.000 kilómetros cuadrados en 2020. El incremento muestra que el riesgo no solo se intensificó en los lugares ya afectados, sino que también se extendió hacia nuevas áreas.
Actualmente, los episodios son más frecuentes durante el verano previo al monzón, comprendido entre marzo y junio. El análisis calcula que aproximadamente el 8 % del territorio nacional ha estado expuesto durante esa estación, frente a cerca del 1 % durante el periodo monzónico considerado entre julio y octubre.
El estrés térmico estival también presentó una asociación más fuerte con la mortalidad anual relacionada con el calor. Los autores encontraron que la superficie afectada durante el verano explicaba una parte mayor de la variabilidad observada en los registros de fallecimientos que la exposición producida durante el monzón.
La asociación estadística no demuestra que cada muerte registrada fuera causada directamente por el indicador utilizado. Los propios investigadores encontraron diferencias considerables entre las bases de datos de la Autoridad Nacional de Gestión de Desastres y el Departamento Meteorológico de India, una limitación que refleja las dificultades para identificar y contabilizar las muertes relacionadas con el calor.
El monzón podría dejar de proporcionar alivio térmico
La principal advertencia del estudio se encuentra en las proyecciones. Con un calentamiento global de 2 °C respecto del periodo preindustrial, aproximadamente el 53 % de India podría experimentar estrés térmico no compensable durante el monzón, una extensión cercana al 60 % proyectado para el verano.
En ese escenario, alrededor de 900 millones de personas podrían quedar expuestas. Con un calentamiento de 3 °C, la estimación ascendería a unos 1.100 millones de habitantes, según los cálculos difundidos junto con la investigación.
El cambio sería especialmente importante porque el monzón suele asociarse con una moderación del calor previo a las lluvias. No obstante, el aumento de la humedad puede impedir que la reducción de la temperatura produzca un alivio fisiológico suficiente.
Si el calentamiento global alcanzara 4 °C, la frecuencia del estrés térmico no compensable durante el monzón superaría a la del verano debido al fuerte incremento proyectado de los extremos cálidos y húmedos. Las regiones centrales y meridionales de la península, actualmente menos afectadas, comenzarían a experimentar estas condiciones a partir de niveles cercanos a 3 °C.
La transformación del monzón tendría consecuencias adicionales para el territorio. Los cambios ya observados en el ciclo del agua y las tormentas que abastecen a India muestran que el calentamiento puede modificar simultáneamente las precipitaciones, la disponibilidad hídrica y los riesgos asociados con el calor.
El riesgo alcanza también a personas jóvenes y saludables
Los episodios más peligrosos no afectan exclusivamente a adultos mayores o personas con enfermedades previas. Cuando se superan determinados límites fisiológicos, incluso los adultos jóvenes, saludables e hidratados pueden ser incapaces de mantener una temperatura corporal estable.
La vulnerabilidad aumenta entre trabajadores al aire libre, agricultores, obreros de la construcción y personas que realizan actividades físicas intensas. También crece donde las viviendas carecen de ventilación adecuada, los cortes eléctricos interrumpen la refrigeración o no existen espacios públicos protegidos del calor.
Cerca del 68 % de la población india vive en áreas rurales, de acuerdo con los datos empleados por los investigadores. En muchos de esos territorios el aire acondicionado es poco accesible, mientras que las labores agrícolas y otras actividades esenciales exigen permanecer expuesto durante las horas cálidas.
Las ciudades suelen disponer de más instalaciones refrigeradas, pero afrontan el efecto de isla de calor urbana. El pavimento, los edificios y la escasez de vegetación pueden acumular energía durante el día y reducir el alivio nocturno. Además, el uso masivo de sistemas de climatización eleva la demanda eléctrica y puede favorecer apagones en los momentos más críticos.
Estos desafíos coinciden con proyecciones según las cuales algunas ciudades tropicales podrían calentarse más rápido de lo previsto, aumentando la necesidad de adaptar viviendas, redes eléctricas y espacios urbanos.
Las proyecciones representan un escenario de altas emisiones
Los cálculos futuros utilizaron el escenario SSP5-8.5, caracterizado por emisiones de gases de efecto invernadero muy elevadas. Por esa razón, los resultados deben interpretarse como una estimación del extremo superior del riesgo y no como una predicción inevitable.
El estudio tampoco incorporó posibles cambios demográficos, variaciones futuras en la edad de la población ni la instalación de tecnologías capaces de mejorar la adaptación. Las cifras de habitantes expuestos no equivalen, por tanto, a una estimación directa de víctimas.
Otra limitación es que el umbral fisiológico utilizado se derivó de experimentos realizados con adultos jóvenes, saludables y correctamente hidratados de Norteamérica. Ese valor podría no representar con precisión la tolerancia de toda la población del sur de Asia ni las diferencias relacionadas con edad, salud, aclimatación y condiciones laborales.
Investigaciones recientes han mostrado que los límites fisiológicos peligrosos pueden alcanzarse antes del umbral clásico de bulbo húmedo, especialmente entre personas mayores, quienes trabajan bajo el sol o quienes no tienen acceso a refrigeración.
Adaptar horarios, ciudades y sistemas de alerta
Los autores consideran que la expansión del calor no compensable exige planes de adaptación que abarquen tanto el verano como el monzón. Limitar la vigilancia a los meses tradicionalmente más cálidos podría dejar sin protección a millones de personas durante periodos húmedos.
Entre las medidas disponibles se encuentran los sistemas de alerta basados en temperatura y humedad, la modificación de horarios laborales, el acceso a agua potable, los descansos programados, los refugios climáticos y la creación de espacios urbanos con sombra y vegetación.
La planificación también deberá proteger las redes eléctricas y los servicios sanitarios ante picos simultáneos de demanda. La refrigeración mecánica puede reducir la exposición individual, pero no constituye una solución universal si resulta inaccesible o depende de una red vulnerable a sobrecargas.
El estudio refuerza la advertencia de que algunas regiones podrían superar límites de habitabilidad térmica durante determinados periodos. Reducir las emisiones limitaría la expansión del peligro, mientras que la adaptación local determinará cuántas personas pueden protegerse de unas condiciones que ya están aumentando.
Fuentes referenciales:
Phys.org
AGU Advances
