Un análisis global de 1979 a 2023 detecta que el primer episodio se adelantó unas dos semanas y la temporada de calor extremo se extendió cerca de 39 días
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
Las olas de calor terrestres están modificando su calendario a escala mundial: comienzan antes, terminan más tarde y ocupan una parte cada vez mayor del año. Un estudio dirigido por investigadores del Jardín Botánico del Sur de China, perteneciente a la Academia China de Ciencias, analizó datos climáticos globales entre 1979 y 2023 y encontró además una señal reciente de episodios iniciales que alcanzan más rápidamente su máxima intensidad.
El trabajo, publicado el 23 de septiembre de 2026 en la revista científica Nature Climate Change, amplía el análisis tradicional de estos fenómenos. Además de estudiar su frecuencia, intensidad y duración, los investigadores examinaron cuándo aparece la primera ola de calor de cada temporada, cuándo termina la última, cuánto dura el periodo comprendido entre ambas y con qué rapidez se desarrolla el primer episodio.
Los resultados refuerzan una transformación que ya se observa en diferentes regiones. Investigaciones recientes habían detectado que el calor extremo se está extendiendo más allá de los meses tradicionales del verano, aunque con diferencias regionales entre la expansión hacia la primavera y hacia el otoño.
La temporada de olas de calor se alargó cerca de 39 días
El análisis global muestra que la primera ola de calor del año se adelantó, en promedio, 3,29 días por década entre 1979 y 2023. Al mismo tiempo, la última terminó 5,41 días más tarde por década. La combinación de ambos desplazamientos amplió la temporada de olas de calor en 8,71 días por década.
Acumulados durante los 45 años estudiados, esos cambios equivalen a un adelanto aproximado de dos semanas para el primer episodio de la temporada y un retraso cercano a 24 días para el último. En conjunto, el periodo anual en el que pueden presentarse olas de calor se prolongó alrededor de 39 días.
La expansión no está restringida a unas pocas zonas. El 72% de las superficies terrestres analizadas presentó una tendencia hacia un inicio más temprano, mientras el 79,6% mostró un desplazamiento hacia fechas más tardías del último episodio. En el 92,1% de las tierras estudiadas se observó una tendencia hacia temporadas más largas.
Las zonas secas registraron cambios generalmente más pronunciados que las regiones húmedas. El resultado añade una dimensión temporal a una tendencia ampliamente documentada: las olas de calor se han vuelto más frecuentes e intensas en regiones como Europa, donde además han comenzado a aparecer fuera de los periodos históricamente considerados habituales.
Las primeras olas de calor también están apareciendo con mayor rapidez
Los investigadores no se limitaron a determinar la fecha de comienzo. También clasificaron la primera ola de calor de cada temporada de acuerdo con el tiempo que necesitaba para alcanzar su temperatura máxima, distinguiendo episodios de desarrollo rápido, moderado y lento.
Entre 2001 y 2023 aumentó significativamente la proporción de primeras olas de calor de rápida aparición dentro de las superficies terrestres afectadas. La señal indica que, además de comenzar antes, los primeros episodios de la temporada pueden evolucionar con mayor velocidad.
Este cambio tiene implicaciones para los sistemas de alerta. Un episodio que se intensifica rápidamente reduce el tiempo disponible para que autoridades, servicios sanitarios, productores agrícolas, gestores de redes eléctricas y población vulnerable adopten medidas de protección.
Wenfang Xu, primera autora y una de las investigadoras responsables del estudio, señaló que el riesgo no depende únicamente de si las olas de calor se vuelven más frecuentes, fuertes o prolongadas. El momento en que comienzan y la velocidad con que alcanzan temperaturas extremas también condicionan la capacidad de preparación de las sociedades y los ecosistemas.
Las tierras secas muestran desplazamientos más acusados
El estudio encontró diferencias geográficas importantes. Aunque la tendencia hacia temporadas más extensas aparece en gran parte de las superficies terrestres, los cambios en las fechas de inicio y final fueron generalmente mayores en las regiones secas que en las húmedas.
La combinación de calor extremo, escasez de humedad y temporadas más largas puede incrementar la presión sobre ecosistemas ya limitados por la disponibilidad de agua. También puede ampliar los periodos durante los cuales coinciden temperaturas elevadas, suelos secos y condiciones favorables para incendios.
La exposición prolongada tiene consecuencias ecológicas que van más allá de las temperaturas atmosféricas. Investigaciones sobre los efectos del calor extremo sobre la fauna silvestre muestran que los episodios prolongados pueden alterar la alimentación, la reproducción y la supervivencia de animales terrestres y acuáticos.
Los cultivos quedan expuestos durante etapas más sensibles
Los investigadores evaluaron también la superposición entre las olas de calor y las fases de desarrollo de varios cultivos importantes. La expansión de la temporada aumenta la posibilidad de que temperaturas extremas coincidan con etapas especialmente sensibles, como la floración y la aparición de los estigmas en determinados cereales.
Al comparar el periodo 2001-2023 con 1979-2000, la proporción de áreas cultivadas expuestas a olas de calor durante fases reproductivas críticas aumentó entre 1,6% y 13,3%, dependiendo del cultivo analizado. La exposición también se extendió hacia etapas más tempranas y tardías de su desarrollo.
Esto significa que un cambio aparentemente limitado al calendario climático puede alterar el perfil del riesgo agrícola. Un cultivo puede encontrarse con temperaturas extremas en una fase en la que décadas atrás ese tipo de episodio era menos habitual, incluso sin que cambie la fecha de siembra.
El calendario tradicional del calor pierde capacidad como referencia
La ampliación de la temporada plantea dificultades para sistemas de prevención diseñados alrededor de fechas históricas relativamente estables. Alertas meteorológicas, centros de enfriamiento, protocolos laborales y planes de protección suelen organizarse teniendo como referencia los meses en los que tradicionalmente se concentraba el calor más peligroso.
La necesidad de adaptar esos mecanismos ya ha sido planteada ante el aumento de los extremos térmicos. Un análisis publicado este verano advertía que las olas de calor requieren planes de adaptación capaces de proteger a la población además de las medidas destinadas a reducir las emisiones responsables del calentamiento.
El nuevo estudio propone incorporar explícitamente el calendario y la velocidad de desarrollo a la evaluación del riesgo. No bastaría, por tanto, con vigilar la temperatura máxima prevista o cuántos días persistirá un episodio: también sería necesario considerar cuánto se ha desplazado la temporada y con qué rapidez puede intensificarse su primer evento.
Las ciudades afrontan una temporada de exposición más extensa
La prolongación de los periodos de calor tiene especial relevancia en las ciudades, donde superficies construidas, pavimento, densidad urbana y escasez de vegetación pueden elevar las temperaturas respecto de las zonas rurales circundantes.
Las estrategias basadas en vegetación, sombra y planificación del espacio público forman parte de las respuestas disponibles. El análisis sobre el papel de la naturaleza para reducir el calor urbano destaca que parques, árboles, cubiertas vegetales y corredores verdes pueden contribuir a moderar la exposición térmica y mejorar la resiliencia de las ciudades.
Una temporada más larga también puede aumentar la demanda acumulada de refrigeración y electricidad. Si los primeros episodios aparecen antes de lo esperado o los últimos persisten hasta fechas tradicionalmente más frescas, los sistemas energéticos deben responder durante un periodo anual más extenso.
El calentamiento global cambia más que la intensidad de los extremos
Los resultados se producen en un contexto de aumento sostenido de la temperatura planetaria. Las olas de calor han sido uno de los indicadores más visibles de ese calentamiento, pero el nuevo análisis muestra que observar únicamente cuánto sube el termómetro ofrece una imagen incompleta del cambio.
La temporada de 2026 ha vuelto a mostrar esa presión. Agosto de 2026 igualó el récord mundial de temperatura media, mientras diferentes regiones atravesaban episodios de calor extremo, incendios y anomalías térmicas oceánicas.
El estudio no sostiene que todas las regiones experimenten exactamente el mismo desplazamiento ni que cada ola de calor individual responda de idéntica manera. Las tendencias varían espacialmente y solo una parte de las áreas analizadas presenta cambios estadísticamente significativos en cada indicador: 13,4% para el adelanto del inicio, 20,3% para el retraso del final y 34,4% para la extensión de la temporada.
La conclusión central es que el riesgo térmico debe evaluarse mediante más variables que la intensidad y duración. Saber cuándo puede comenzar el primer episodio, cuánto se ha ampliado la temporada y con qué rapidez aumenta la temperatura proporciona información adicional para anticipar impactos sobre población, agricultura, ecosistemas y sistemas energéticos.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Nature Climate Change




