Investigadores señalan que el mayor riesgo proviene de volcanes considerados dormidos y sin monitoreo adecuado, no de los más famosos
Redacción Noticias de la Tierra
Un nuevo análisis científico difundido por Phys.org ha emitido una advertencia contundente: la próxima gran crisis volcánica global es más probable que provenga de volcanes que parecen inactivos y apenas son vigilados, en lugar de sistemas volcánicos ampliamente conocidos como el Etna, en Italia, o Yellowstone, en Estados Unidos. Esta conclusión surge de un estudio desarrollado por un equipo internacional de vulcanólogos y expertos en riesgo geológico que analiza las zonas de mayor vulnerabilidad del planeta.
El trabajo pone en evidencia una realidad preocupante: mientras los volcanes más famosos cuentan con redes de monitoreo avanzado, decenas de sistemas volcánicos potencialmente peligrosos permanecen sin análisis constante, sin inversión tecnológica y sin planes de emergencia actualizados.
Un problema oculto: volcanes “dormidos” que no lo están tanto
Los investigadores explican que muchos volcanes considerados “dormidos” no han tenido erupciones recientes simplemente por azar geológico, no porque sean inherentemente más seguros. Estos sistemas pueden acumular presión de forma silenciosa durante décadas o siglos, sin señales visibles en la superficie.
Sin monitoreo adecuado, es imposible detectar:
Pequeños sismos precursores.
Desgasificación profunda.
Inflación del terreno.
Cambios en la actividad hidrotermal.
Modificaciones en la composición de gases volcánicos.
La ausencia de estas señales no significa inactividad, sino falta de datos.
El riesgo global de una erupción no detectada
Según los especialistas, una erupción inesperada de un volcán poco vigilado podría afectar de forma inmediata a comunidades vulnerables, rutas aéreas y ecosistemas cercanos. En un mundo interconectado, los efectos también podrían expandirse rápidamente, como ocurrió con la erupción del Eyjafjallajökull en Islandia en 2010, que paralizó miles de vuelos en Europa.
Pero el principal temor de los científicos se centra en erupciones de gran magnitud —eventos explosivos capaces de inyectar enormes cantidades de ceniza a la atmósfera— que históricamente han tenido lugar en volcanes que no estaban entre los más vigilados.
Las regiones más vulnerables del planeta
El estudio destaca varias zonas donde la falta de monitoreo sistemático coincide con alta densidad poblacional o importancia económica:
El sudeste asiático, especialmente Indonesia y Filipinas.
Zonas de África Oriental, como Etiopía y Tanzania.
América Central, donde conviven grandes ciudades con volcanes activos.
Arcos volcánicos remotos del Pacífico que carecen de redes instrumentadas.
En muchas de estas regiones, el crecimiento urbano ha avanzado sin considerar rutas de evacuación, mapas de riesgo ni actualizaciones periódicas del estado volcánico.
El reto del monitoreo: tecnología insuficiente para un problema inmenso
El equipo de científicos remarca que, aunque existen miles de volcanes en el planeta, menos de la mitad cuenta con algún tipo de monitoreo continuo. Y de estos, solo una fracción dispone de tecnología integral como GPS, análisis de gas, sismómetros de alta sensibilidad y vigilancia satelital.
Los volcanes más estudiados reciben atención porque representan riesgos conocidos o porque son puntos turísticos o científicos. Sin embargo, existen sistemas más peligrosos en zonas remotas o de bajos recursos donde el acceso tecnológico es limitado.
La falta de vigilancia aumenta la probabilidad de que una erupción explosiva ocurra sin advertencia previa, dejando a las comunidades sin tiempo para evacuar.
La ciencia advierte: invertir ahora para evitar una futura catástrofe
Los autores del estudio llaman a fortalecer las redes globales de monitoreo volcánico mediante cooperación internacional. Señalan que las erupciones volcánicas no respetan fronteras y que un evento explosivo puede provocar:
Alteraciones climáticas temporales.
Interrupción del transporte aéreo global.
Daños multimillonarios a infraestructura.
Pérdida masiva de vidas humanas.
Los modelos climáticos incluso sugieren que una erupción de gran magnitud podría enfriar temporalmente la atmósfera, afectando cosechas y sistemas meteorológicos.
Aprender del pasado para prepararse para el futuro
El análisis recuerda que muchas erupciones históricas devastadoras surgieron de volcanes que no estaban entre los más vigilados ni considerados altamente peligrosos. El monte Tambora en 1815, por ejemplo, provocó el “año sin verano” y una de las peores crisis alimentarias de la historia moderna.
El mensaje de los científicos es claro: no es suficiente vigilar los volcanes más famosos; es imprescindible ampliar la red de monitoreo a los sistemas menos conocidos, pero potencialmente más amenazantes.
Un llamado urgente a gobiernos y organismos internacionales
El estudio difundido por Phys.org subraya que la prevención es la única herramienta realista para reducir el riesgo de una catástrofe volcánica global. La comunidad científica insta a:
Invertir en tecnología de monitoreo en regiones desatendidas.
Fortalecer la capacitación de equipos locales de emergencia.
Desarrollar mapas de riesgo actualizados.
Fomentar la cooperación internacional en vigilancia geológica.
Sin estos esfuerzos, el planeta seguirá expuesto a un riesgo que crece silenciosamente bajo volcanes considerados inactivos.
Referencias
Phys.org – “World’s dormant volcanoes pose greatest threat to global disaster” (2025).
Estudio internacional con participación de expertos en vulcanología y geociencias citado en el artículo original.
Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
