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Viernes, 3 de julio de 2026

Panorama Planetario

Panel de control del sistema Tierra: océanos cálidos, calor continental, CO₂ elevado, riesgos hídricos y señales extremas.

Resumen ejecutivo

El sistema Tierra entra en julio con una señal dominante: acumulación de calor en océanos y atmósfera. Copernicus informó que junio de 2026 registró temperaturas superficiales del mar excepcionalmente altas, con una media global cercana a 21 °C y expansión de olas de calor marinas. Este calentamiento no es un dato aislado: altera evaporación, lluvias, tormentas, ecosistemas marinos y estrés costero.

En tierra firme, Norteamérica enfrenta riesgos de calor extremo; regiones tropicales y subtropicales mantienen señales de sequía, lluvias irregulares e inundaciones localizadas. Para los próximos 7 a 14 días, la prioridad es vigilar calor, humedad del suelo, incendios, tormentas convectivas y anomalías oceánicas.

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Temperatura global

Calor persistente

Las temperaturas continentales siguen mostrando episodios extremos, especialmente en Norteamérica. El calor sostenido aumenta riesgos para salud, suelos, vegetación, demanda energética y disponibilidad de agua.

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Océanos

Junio récord

Los océanos registraron un junio excepcionalmente cálido. Las olas de calor marinas afectan corales, pesquerías, corrientes, oxígeno disuelto y la formación de sistemas meteorológicos intensos.

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CO₂

Fondo climático alto

La concentración atmosférica de dióxido de carbono mantiene la presión de largo plazo sobre el balance energético planetario, reforzando calentamiento, acidificación oceánica y eventos extremos.

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Hielo polar

Vigilancia criosférica

El hielo marino y las plataformas polares siguen siendo indicadores sensibles. La pérdida de hielo reduce albedo, amplifica calentamiento regional y modifica ecosistemas polares.

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Incendios

Temporada activa

Calor, baja humedad y vegetación seca elevan riesgo de incendios. El humo puede deteriorar calidad del aire a grandes distancias y afectar salud, agricultura y transporte.

🏜️
Sequías

Estrés hídrico

Las sequías agrícolas y meteorológicas se concentran en zonas vulnerables a lluvias irregulares. La presión se nota en suelos, ríos, acuíferos, producción de alimentos y ecosistemas.

⛈️
Tormentas

Extremos localizados

El aire cálido y húmedo favorece tormentas intensas, crecidas repentinas y daños puntuales. Las inundaciones rápidas siguen siendo uno de los riesgos más difíciles de anticipar localmente.

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Señal destacada

Océanos como alarma

La señal planetaria más importante es el calor oceánico sostenido. Funciona como reserva de energía que puede intensificar lluvias, ciclones, blanqueamiento coralino y cambios atmosféricos.

Perspectiva 7–14 días

La vigilancia debe concentrarse en calor extremo en Norteamérica, lluvias intensas en zonas convectivas, evolución de sequías regionales, incendios y anomalías de temperatura del mar. Para lectores, técnicos y estudiantes, la clave es interpretar el clima como sistema conectado: océanos cálidos, atmósfera húmeda, suelos secos y presión humana sobre ecosistemas aumentan la probabilidad de impactos encadenados.

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Estudio pionero evalúa los errores en la medición del viento

César Azorín, junto a un anemómetro./ CIDE (CSIC/UV/GVA).

El Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE) publica el primer trabajo que cuantifica el impacto real de los cambios de anemómetros en un observatorio meteorológico de la AEMET


CSIC/DICYT Una de las principales limitaciones en el estudio del cambio climático es la disponibilidad de datos de calidad a lo largo del tiempo. Esto sucede también para la velocidad del viento, cuyos datos dependen del buen funcionamiento de los sensores de medición, en concreto de los anemómetros. Estos instrumentos se deterioran y son reemplazados por otros de mejor precisión, lo que introduce un error artificial que altera la cuantificación de los cambios en el viento. Es lo que trata de cuantificar y corregir un equipo del Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Universitat de València (UV) y la Generalitat Valenciana, que acaba de publicar en Atmospheric Research el primer estudio que cuantifica estos errores a partir de un observatorio meteorológico oficial.

Se trata del Climatoc-Lab del CIDE, que lidera una investigación pionera sobre la cuantificación de los errores que introducen los cambios de los anemómetros en las series climáticas de la velocidad del viento. Además, aplica correcciones para que las mediciones del viento sean robustas en el tiempo, eliminando el ruido artificial introducido por los errores de medición. El artículo, en el que han participado investigadores de la Plataforma Temática Interdisciplinar Clima y Servicios Climáticos del CSIC, muestra un caso de estudio real del impacto de estos cambios en la serie histórica de velocidad del viento del observatorio meteorológico oficial de San Sebastián – Igueldo, dependiente de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).

Para el responsable del trabajo, el investigador miembro de la PTI Clima del CSIC César Azorín, “la novedad de este estudio es la cuantificación del impacto de los cambios de los anemómetros en las mediciones de velocidad del viento a partir de un observatorio meteorológico real. Los estudios previos habían realizado experimentos de campo y en túnel de viento en condiciones predefinidas”. Así, el equipo del CIDE midió tres factores: el cambio en el tipo de anemómetro (modelo Seac frente a Thies); cambio en la altura de su instalación; y la antigüedad de ambos modelos.

“Los resultados muestran un impacto significativo de estos cambios en la medición de la velocidad del viento, cuyos errores fueron corregidos para estimar correctamente si han ocurrido cambios en los vientos en superficie”, revela Azorín. En concreto, los sesgos en las mediciones de velocidad media del viento y las rachas máximas debido al rendimiento del sensor más moderno, el Thies, respecto al antiguo Seac, representan un aumento de alrededor del 4-5% con respecto a las medias anuales, según los datos del estudio.

Aplicaciones

Estos errores influyen también en las estimaciones de otros procesos donde la velocidad del viento juega un papel fundamental, como la evapotranspiración y la disponibilidad de recursos hídricos, y la energía eólica, entre otros. Pero las aplicaciones son múltiples, desde el diseño y fabricación de sensores de viento hasta la utilización de estos sensores en áreas como la prospección de energía eólica o en ingeniería civil, ya que medir correctamente la carga del viento es un factor decisivo en la construcción de la estructura, componentes y revestimiento de los edificios.

“La ciencia del clima basa sus investigaciones en datos de distintas fuentes, principalmente de dos: datos observados en sistemas de observación de la Tierra como estaciones meteorológicas o satélites, y datos simulados a partir de modelos numéricos”, argumenta el investigador del CSIC. “Si bien los avances en modelización son evidentes en las últimas décadas, los datos observados en estaciones meteorológicas representan la realidad y son la base principal para cuantificar los cambios climáticos del pasado. Por tanto, la cuantificación de los errores en la observación meteorológica y la mejora de la calidad de las series climáticas de viento son claves para estimar correctamente los cambios de la velocidad del viento en las últimas décadas”.

Estudio comparativo internacional

Los servicios meteorológicos nacionales de todo el mundo y los grupos de evaluación del clima se beneficiarán de estos hallazgos, según el investigador, “ya que los errores en las mediciones de la velocidad del viento y las rachas máximas se pueden minimizar mediante la implementación de mejores protocolos de observación”. Actualmente, el Climatoc-Lab del CIDE desarrolla en colaboración con el Instituto Nacional de Investigación del Agua y la Atmósfera de Nueva Zelanda un experimento único en el mundo donde se comparan varios anemómetros de uso extendido por los diferentes Servicios Meteorológicos Nacionales para cuantificar las desviaciones y diferencias de medición del viento entre ellos.