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Panorama Planetario

Panel de control del sistema Tierra

Actualización: 8 de julio de 2026

El sistema Tierra entra en julio con una combinación de señales persistentes: océanos muy cálidos, baja extensión de hielo en zonas polares, incendios tempranos en el hemisferio norte y presión hídrica creciente en regiones expuestas a calor prolongado. El foco operativo no está en un solo evento, sino en la superposición de calor atmosférico, anomalías marinas, vegetación seca, tormentas intensas y vulnerabilidad territorial. Para los próximos días, el seguimiento clave debe concentrarse en incendios, estrés térmico urbano, lluvias convectivas severas y evolución de la temperatura superficial del mar.

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Temperatura global Calor sostenido La atmósfera mantiene un patrón cálido, con olas de calor regionales capaces de amplificar incendios, evaporación y demanda de agua.
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Océanos Anomalías marinas altas La temperatura superficial del mar continúa como indicador crítico para arrecifes, pesquerías, ciclones y humedad disponible para tormentas.
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CO₂ atmosférico Presión estructural La concentración de gases de efecto invernadero mantiene el forzamiento de fondo que eleva el riesgo de extremos cálidos y cambios oceánicos.
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Hielo polar Vigilancia activa El Ártico y la Antártida siguen bajo observación por extensiones reducidas y pérdida de albedo en zonas sensibles.
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Incendios Temporada adelantada Europa meridional y áreas mediterráneas presentan combustibles secos tras calor intenso, con riesgo de propagación rápida por viento.
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Sequías Estrés hídrico localizado El déficit de humedad del suelo aumenta la vulnerabilidad agrícola, forestal y urbana, especialmente donde el calor se mantiene varios días.
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Tormentas extremas Energía atmosférica El aire cálido y húmedo favorece lluvias intensas de corta duración, granizo, crecidas repentinas y daños en infraestructura.
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Señal planetaria Océano como alarma La señal más importante del día es la persistencia del calor oceánico, porque conecta clima, biodiversidad marina y eventos extremos.

Lectura planetaria del día

La Tierra muestra un patrón de riesgo compuesto: el calor no actúa solo. Cuando se combina con océanos cálidos, vegetación seca, ciudades expuestas y suelos con poca humedad, los impactos se multiplican. Esta semana, el monitoreo debe mirar simultáneamente atmósfera, mar, hielo, fuego y agua. La gestión territorial necesita pasar de la reacción al seguimiento preventivo, porque varias señales ya están activas antes del pico habitual del verano boreal.

Perspectiva 7 días En el corto plazo, las señales más sensibles serán incendios en áreas mediterráneas, estrés térmico en ciudades, tormentas severas locales y anomalías de temperatura superficial del mar. La prioridad es vigilar mapas de calor, viento, humedad del suelo y alertas hidrometeorológicas.
Perspectiva 14 días En dos semanas, el riesgo dependerá de la persistencia del calor. Si las noches siguen cálidas y las lluvias son irregulares, aumentará la presión sobre ecosistemas, agua disponible, salud urbana y capacidad de respuesta ante incendios.
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Las mariposas de montaña serán uno de los grupos animales más afectados por el cambio climático

Ejemplar de la especie Erebia palarica / Enrique García-Barros Saura.

Los resultados muestran una dramática reducción del número de áreas climáticamente favorables para las 19 especies


MNCN-CSIC/DICYT Las mariposas de montaña serán uno de los grupos animales más afectados por el cambio climático. A esta conclusión han llegado investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) en un estudio con mariposas del género Erebia. Para comprobar cómo afectará el cambio climático a estas mariposas, los investigadores realizaron modelos de distribución potencial que muestran las áreas favorables para las especies según diferentes condiciones climáticas.

“Los modelos buscan zonas que en el futuro compartan las condiciones climáticas en las que actualmente se encuentran las especies, teniendo en cuenta diferentes predicciones de temperatura y precipitación en los años venideros”, explica la investigadora de la UAM, Helena Romo “Hemos considerado dos escenarios, uno más drástico, en el que se prevé un aumento de la temperatura de 3,7 °C para el año 2100, y otro más optimista, en el que el aumento de temperatura previsto es de 1,8 °C”, continúa.

El género Erebia comprende 19 especies distribuidas en áreas montañosas de la península ibérica: Pirineos, Sistema Cantábrico, Sistema Central, Sistema ibérico y Sierra Nevada; siete de las cuales son especies endémicas (solo se encuentran de modo natural en estos ámbitos geográficos).

Los resultados, publicados en Insect Conservation and Diversity, muestran una dramática reducción del número de áreas climáticamente favorables para las 19 especies. De hecho, 16 especies del género llegarían a desaparecer por completo de nuestro territorio en el escenario más drástico en el periodo 2061-2080.

La “buena noticia” es que de las tres especies que presentan algún área climáticamente favorable en el futuro, dos de ellas son endemismos (E. palarica y E. hispania). Pero la realidad es que, incluso en un escenario menos drástico, las previsiones son que al menos ocho especies no encontrarán áreas donde sobrevivir en el período de años comprendidos entre 2041–2060.

“Incluso para una de las especies más comunes y de distribución más amplia en la península ibérica. Erebia triarius, se predice una disminución importante de su área favorable en el futuro. Otras especies con una distribución más restringida no presentan ninguna zona favorable para esos escenarios”, detallan Rob Wilson, investigador del MNCN.

Debido a que la mayoría de las especies del género Erebia se distribuyen por los Pirineos o la cordillera Cantábrica, la mayoría de sus poblaciones conocidas se encuentran dentro de la red existente de Espacios Naturales Protegidos de la península ibérica. “Sin embargo”, apunta Wilson, “sería interesante incluir nuevas áreas en los lugares donde se predicen condiciones favorables para estas especies en un futuro, de manera que puedan ofrecer mayor protección a las especies más amenazadas por el cambio climático”.

En suma, los modelos predicen que las 19 especies de mariposas ibéricas del género Erebia son extremadamente vulnerables al cambio climático, siendo mayores los declives previstos para el periodo 2061-2080. De hecho, algunas especies ya ocupan las zonas más elevadas del área de estudio y se espera que pierdan su hábitat independientemente del año o escenario considerados. De acuerdo con los autores, las especies endémicas de este género podrían actuar como especies paraguas para el diseño de nuevos espacios en la Red de Espacios Protegidos de España u otras medidas de conservación.

“Las medidas que podrían aplicarse para estas especies prioritarias incluirían un seguimiento de las poblaciones o especies más amenazadas y del estado de sus principales hábitats; el mantenimiento de una amplia variedad de microclimas a través de una estrategia de restauración ecológica en diferentes altitudes para que las especies puedan adaptarse a las condiciones impuestas por el cambio climático y, por supuesto, conseguir a nivel global una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero”, concluye Helena Romo.