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Panel de control planetario

Panorama Planetario

7 de septiembre de 2026
Resumen ejecutivo. El sistema Tierra mantiene una señal de fondo dominada por temperaturas elevadas, océanos que siguen almacenando grandes cantidades de calor y contrastes hídricos capaces de alternar sequía, incendios y lluvias intensas. Los datos casi en tiempo real disponibles hasta comienzos de septiembre deben interpretarse como indicadores de vigilancia, no como sustitutos de los avisos emitidos por los servicios meteorológicos nacionales.
Temperatura global

El calor de fondo continúa elevado

Las observaciones globales mantienen al planeta dentro de una etapa excepcionalmente cálida respecto de los promedios históricos. La señal no implica que todas las regiones registren calor simultáneamente: pueden coexistir irrupciones frías locales, pero sobre una base climática mundial más cálida.

Océanos

La acumulación de calor amplifica impactos

La temperatura marina sigue siendo un indicador crítico. Un océano cálido incrementa la evaporación, favorece olas de calor marinas y puede aportar humedad a sistemas de lluvias intensas. También aumenta el estrés sobre corales, pesquerías y cadenas alimentarias costeras.

CO₂ atmosférico

La tendencia estructural permanece ascendente

Las oscilaciones estacionales no modifican la dirección de largo plazo: la concentración atmosférica de dióxido de carbono continúa elevada debido principalmente al uso de combustibles fósiles, el cambio de uso del suelo y la capacidad limitada de los sumideros naturales.

Hielo polar

El Ártico se acerca al mínimo estacional

Septiembre es un periodo decisivo para el hielo marino del Ártico, que normalmente alcanza su extensión mínima anual al final del verano boreal. Importan tanto la superficie cubierta como el espesor, la edad del hielo y las condiciones regionales de fragmentación.

Incendios

Combustibles secos sostienen la vigilancia

En zonas afectadas por calor, viento y déficit de humedad, la vegetación seca puede facilitar una propagación rápida del fuego. El riesgo real depende de las condiciones locales, el manejo del territorio y las fuentes de ignición; el humo puede deteriorar el aire lejos del incendio.

Sequías

El déficit hídrico sigue siendo desigual

La sequía debe evaluarse mediante precipitación, humedad del suelo, caudales, embalses y aguas subterráneas. Las lluvias aisladas pueden aliviar temporalmente la superficie sin reparar déficits acumulados, especialmente cuando coinciden temperaturas altas y demanda elevada de agua.

Fenómenos extremos

La humedad añade energía a las tormentas

La temporada de ciclones tropicales del Atlántico atraviesa su tramo climatológicamente más activo. En otras cuencas también continúa la vigilancia. La intensidad, trayectoria y peligros asociados solo deben seguirse mediante los centros oficiales y las autoridades de protección civil.

Ciclo del agua

Los extremos pueden sucederse rápidamente

Un suelo muy seco puede absorber con dificultad precipitaciones torrenciales, mientras que uno saturado aumenta la escorrentía y las crecidas. Por eso, una tormenta intensa no siempre resuelve una sequía y puede, al mismo tiempo, producir inundaciones repentinas.

Atmósfera

Aerosoles y humo alteran la calidad del aire

Polvo, humo de incendios y contaminación urbana pueden desplazarse entre regiones. La exposición depende de la concentración y la duración, por lo que conviene consultar índices locales de calidad del aire, especialmente en caso de afecciones respiratorias o cardiovasculares.

Señal planetaria destacada

Observar conjuntamente temperatura, agua y ecosistemas

La señal central del 7 de septiembre de 2026 no procede de un solo récord, sino de la interacción entre calor atmosférico, almacenamiento térmico oceánico y disponibilidad desigual de agua. Esta combinación puede afectar simultáneamente salud, agricultura, biodiversidad, energía y ciudades. La observación satelital, las estaciones terrestres y las mediciones oceánicas permiten detectar cambios, pero la prevención exige convertir esos datos en alertas accesibles y decisiones territoriales concretas.

Perspectiva para los próximos 7–14 días

La vigilancia prioritaria se concentra en la evolución de ciclones tropicales, lluvias intensas e inundaciones repentinas; en episodios de calor tardío en el hemisferio norte; y en incendios donde persistan vegetación seca y viento. También será necesario seguir la humedad del suelo, los caudales y la calidad del aire. La incertidumbre aumenta con el plazo, de modo que cualquier decisión operativa debe apoyarse en pronósticos y alertas oficiales actualizados para cada territorio.

Referencia editorial: observaciones y sistemas públicos de Copernicus, OMM, NOAA y agencias meteorológicas nacionales disponibles al 7 de septiembre de 2026.

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Los microplásticos del Delta del Ebro se medirán con un sistema de inteligencia artificial

Uno equipo científico del IRTA desarrollará un modelo de machine learning para identificar las tipologías de microplásticos que hay en los principales ambientes acuáticos del Delta y en qué concentración están.

Para construir el modelo se basarán en muestras de agua y sedimentos de cinco lagunas y un arrozal.

Estas partículas de origen sintético pueden alterar los ciclos naturales del ecosistema e introducir elementos tóxicos en la red trófica.



En todo el planeta, los hábitats acuáticos, terrestres e incluso aéreos sufren la progresiva intrusión de diminutos invasores sintéticos. A pesar de sus dimensiones, casi invisibles en el ojo humano (miden menos de 5 milímetros), la omnipresencia de los microplásticos provoca efectos cada vez más manifiestos en los ecosistemas y amenaza su biodiversidad. En particular, las aguas dulces y saladas son unos de los medios en los que estas partículas se difunden más extensamente. Cada año, 8 millones de toneladas de plástico terminan en el mar, e imágenes de la isla gigante de plástico en el Océano Pacífico han despertado numerosas campañas y estudios, centrados mayoritariamente en los macroplásticos, mientras que los más pequeños hasta hace poco habían pasado a menudo más desapercibidos tanto para la sociedad como para las ciencias ambientales. «Muchos parajes naturales que creemos impolutos también están contaminados, tanto si lo vemos como si no», explica la investigadora del programa de Aguas marinas y continentales del IRTA Maite Martínez-Eixarch.

En este contexto, uno de los retos actuales es lograr avances en las técnicas de identificación y monitorización de microplásticos para entender de dónde vienen y cómo se comportan y, eventualmente, actuar para reducir su impacto. Por eso, un equipo del IRTA coordinado por Martínez-Eixarch inició en 2021 el proyecto BIO-DISPLAS, con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Su objetivo es determinar la distribución de microplásticos en los ambientes acuáticos del Delta y desarrollar un sistema que los clasifique de forma automática. Una búsqueda de 2019 del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales (ICTA-UAB) estimó que desde este embudo natural se vierten cada año 2.200 millones de microplásticos en el Mediterráneo. En 2019, un estudio del Instituto de Ciència y Tecnología Ambientales (ICTA-UAB) estimó que desde este embudo natural se abocan cada año 2.200 millones de microplásticos en el Mediterráneo.

A diferencia del estudio del ICTA-UAB, que se basó en muestras recogidas en las playas de arena, en el lecho del estuario y en las aguas superficiales, el proyecto BIO-DISPLAS parte de un muestreo de agua y sedimentos hecho en cinco lagunas y un arrozal del Delta. «Actualmente estamos ultimando el método para realizar la extracción de los microplásticos en el laboratorio para que se adapte a la tipología de muestras con las que trabajamos y poder extraerlos de forma correcta», detalla Rosa Trobajo, investigadora del proyecto. Una vez los microplásticos estén separados de los restos naturales, se efectuará el recuento y la clasificación de las partículas a partir de tres variables: tamaño, color y tipo de estructura (como fibras, fragmentos o films). El resultado será una tabla con la concentración de polímeros en los distintos hábitats del ecosistema.

Además, a partir de estos datos, el IRTA desarrollará un modelo informático para identificar, contar y medir los microplásticos en imágenes hechas con microscopio o lupa binocular. Tras recibir unas primeras consignas manuales, la propia aplicación se irá perfeccionando durante el proceso gracias a un algoritmo de aprendizaje automatizado. A la larga, la aplicación habrá aprendido a realizar la detección y clasificación por sí sola. Se trata de una tecnología visual ya aplicada en otros ámbitos, como el registro de colonias de microorganismos. «Nos permitirá ahorrar tiempo y esfuerzos y poder estandarizar y automatizar los futuros procesos de recuento», defiende Carles Alcaraz, investigador del IRTA y encargado de programar el modelo.

Todo ello servirá para tener una primera imagen esmerada del alcance de los microplásticos en el Delta, una base que abrirá el camino a futuras líneas de monitorización e investigación. «Podremos ver, por ejemplo, cómo afectan a la dinámica de flujos naturales del ecosistema o relacionar su distribución con los factores ambientales», apunta Martínez-Eixarch. La fotografía completa de la problemática permitirá asimismo deducir cuáles son los posibles orígenes de los microplásticos. Éstos pueden provenir tanto de la degradación de plásticos más grandes (microplásticos secundarios) como de materia prima que ya es de pequeño tamaño (microplásticos primarios).

Diminutos pero nocivos

La ubicuidad de los microplásticos en la mayor parte de la red hidrográfica peninsular ha sido demostrada en estudios como el de la Asociación Hombre y Territorio en 2020. Sin embargo, según advierte la científica del IRTA Maite Martínez-Eixarch, «aún queda mucho por esclarecer tanto en cuanto a la distribución como en lo que respecta a los efectos de estos polímeros sobre los diferentes hábitats». Por un lado, los materiales sintéticos podrían provocar alteraciones en dinámicas como el ciclo de nutrientes y la descomposición de la materia orgánica. Además, como se ha observado en Cataluña en el caso de las aves marinas, los microplásticos se introducen en la red trófica, que llega hasta nosotros y puede provocar toxicidad o ser disruptores del sistema hormonal.
Sobre el proyecto

El proyecto BIO-DISPLAS, desarrollado por personal del programa de Aguas marinas y continentales del IRTA en Sant Carles de la Rápita, finalizará en 2023 y cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Además, cuenta con la colaboración de la ONG española SEO/BirdLife, que aporta voluntarios para las tareas de laboratorios y se implicará en las actividades de transferencia y difusión de resultados.

Comunicado de Prensa