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23 de septiembre de 2026

🌍 Panorama Planetario

El sistema climático entra en el tramo final de septiembre bajo una señal dominante: un El Niño ya establecido y con previsión de fortalecimiento durante el otoño boreal. A esta perturbación se suman océanos excepcionalmente cálidos, contrastes hídricos cada vez más marcados y una persistente presión sobre reservas de agua, suelos y ecosistemas.

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Temperatura global

La señal térmica mundial continúa elevada. Agosto de 2026 fue el agosto más cálido registrado globalmente y empató con julio de 2023 como el mes más cálido del registro de Copernicus. El calentamiento de fondo se combina ahora con el fortalecimiento de El Niño.

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Océanos

Las aguas oceánicas mantienen anomalías térmicas muy importantes. El océano extrapolar alcanzó en agosto una temperatura superficial media récord, mientras el Pacífico ecuatorial continúa acumulando calor asociado al desarrollo de un El Niño fuerte.

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CO₂ atmosférico

La concentración atmosférica de dióxido de carbono permanece dentro de una tendencia estructural ascendente. Esta acumulación de gases de efecto invernadero mantiene un desequilibrio energético que favorece temperaturas elevadas en aire y océanos y amplifica riesgos climáticos.

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Hielo polar

El Ártico termina su temporada de deshielo bajo vigilancia satelital. Investigaciones recientes de NASA indican que la fuerte prolongación histórica de la temporada de fusión se estabilizó aproximadamente desde 2010, aunque dentro de un Ártico profundamente transformado respecto de décadas anteriores.

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Incendios

El riesgo permanece condicionado por calor, déficit de humedad y sequedad de la vegetación en regiones vulnerables. La observación terrestre permite seguir simultáneamente focos activos, humo y cambios en la superficie, mejorando la evaluación de episodios de rápida evolución.

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Sequías

La señal hídrica continúa siendo preocupante. La OMM informó este mes que 2025 estuvo entre los años con ríos globalmente más secos de las últimas tres décadas, dentro de una tendencia de pérdida de almacenamiento de agua dulce y retroceso glaciar.

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Tormentas y extremos

El fortalecimiento de El Niño reorganiza los patrones atmosféricos y modifica la distribución regional de precipitaciones y temperaturas. La consecuencia no es uniforme: aumenta la probabilidad de excesos de lluvia en unas zonas y de déficit hídrico y calor en otras.

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Ciclo del agua

El ciclo hidrológico presenta oscilaciones más pronunciadas entre escasez y exceso. La combinación de altas temperaturas, evaporación, alteraciones de precipitación y pérdida de reservas naturales convierte la disponibilidad de agua en uno de los indicadores ambientales centrales de este periodo.

📡 Señal planetaria destacada

El Niño domina el horizonte climático. La Organización Meteorológica Mundial prevé una probabilidad cercana al 100 % de que el episodio persista hasta febrero de 2027 y espera que continúe intensificándose durante los próximos meses. El Pacífico tropical actúa así como uno de los principales moduladores del clima mundial al comenzar el último trimestre de 2026.

🔭 Perspectiva: próximos 7–14 días

La atención se concentra en episodios regionales de calor, precipitaciones intensas y persistencia de condiciones secas, mientras continúa consolidándose la respuesta atmosférica a El Niño. La vigilancia deberá centrarse especialmente en anomalías de lluvia, reservas hídricas, humedad del suelo y temperaturas oceánicas, evitando trasladar automáticamente los efectos típicos de El Niño a cada territorio sin considerar los pronósticos regionales.

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Aún no sabemos si las plantas podrán adaptarse al cambio climático

Las plantas son organismos vivos sensibles a las condiciones de su entorno. A lo largo de la evolución, han desarrollado diferentes mecanismos de respuesta y adaptación a las situaciones ambientales adversas que las rodean (también llamadas estreses). Así consiguen sobrevivir y reproducirse.


Sara Izquierdo Zandalinas, Universitat Jaume I; Lidia Soto Pascual, Universitat Jaume I; María Fernanda López Climent, Universitat Jaume I, and Vicente Vives Peris, Universitat Jaume I


Pero el cambio climático supone un nuevo escenario. Situaciones como temperaturas extremas y periodos prolongados de sequías o inundaciones son algunos de los factores ambientales acrecentados por este fenómeno que limitan en gran medida su crecimiento, desarrollo, productividad y supervivencia.

¿Cómo responden las plantas al estrés?

Existe una gran variedad de mecanismos bioquímicos, moleculares y fisiológicos de las plantas en respuesta a los estreses. En general, estas respuestas incluyen:

  • modificaciones en su crecimiento y su metabolismo;
  • cambios fisiológicos como la regulación de la apertura de los estomas –poros por donde toman y expulsan gases y agua–;
  • cambios en la expresión de genes, incluyendo aquellos que codifican proteínas de función protectora, antioxidantes y factores de transcripción que controlan la expresión de genes de respuesta a estrés.

Estas respuestas, a su vez, pueden depender de la síntesis de hormonas vegetales como el ácido abscísico, el ácido salicílico o el ácido jasmónico. Cambios en la concentración y distribución de estas hormonas vegetales modulan el desarrollo y las respuestas al estrés.

Este conjunto de respuestas, normalmente específico para cada uno de los estreses, ha sido ampliamente estudiado por la comunidad científica.

No obstante, como consecuencia del cambio climático pueden darse combinaciones de condiciones adversas que perjudiquen en mayor medida a las plantas y su producción. El incremento de temperaturas coincidirá con otros factores ambientales como sequía, elevada intensidad de luz, salinidad y carencias nutricionales, entre otras.

Estudios recientes se han centrado en las respuestas de las plantas a diferentes combinaciones de dos estreses que ocurren frecuentemente de manera simultánea –por ejemplo, altas temperaturas y sequía, alta intensidad de luz y altas temperaturas, o salinidad y altas temperaturas–. Han demostrado que las respuestas fisiológicas, bioquímicas y moleculares de las plantas a estas combinaciones son específicas y diferentes a las respuestas a las condiciones individuales.

El cambio climático, un nuevo concepto de estrés

Investigar cómo las plantas responden a las nuevas situaciones de su entorno resulta crucial para desarrollar cultivos más tolerantes al cambio climático. Los estudios deben centrarse en las respuestas de las plantas a las situaciones que con mayor probabilidad ocurran en el contexto del calentamiento global.

Cada uno de estos estreses tiene un efecto negativo sobre las plantas, pero la interacción simultánea de más de dos factores –combinación multifactorial de estreses– crea una situación nueva y crítica para el crecimiento y supervivencia de los vegetales.

Por ejemplo, durante los veranos, la combinación de olas de calor y episodios de sequía extrema, unida a condiciones de suelos subóptimas por excesiva salinidad, contenido nutricional pobre o presencia de microplásticos, herbicidas y pesticidas ponen en riesgo la supervivencia de muchos cultivos en determinadas regiones.

Consecuencias inesperadas

Recientemente hemos demostrado que la combinación de hasta seis factores –altas temperaturas, alta intensidad de luz, salinidad, acidez, metales pesados y herbicidas– aplicados de forma simultánea en diferentes combinaciones causa un descenso en el crecimiento y supervivencia de la especie modelo Arabidopsis thaliana.

Así pues, mientras que uno o incluso dos estreses pueden no tener un efecto significativo en un área agrícola o un ecosistema, la adición de más factores (cada uno sin un efecto aparente cuando se aplica individualmente) podría causar una disminución inesperada y dramática en el rendimiento y supervivencia de las plantas. Este hecho sugiere que en la naturaleza podemos no ser capaces de predecir cómo los diferentes estreses están afectando a las plantas o a un ecosistema hasta que es demasiado tarde.

Las conclusiones obtenidas de los estudios sobre combinaciones multifactoriales de estreses deberían servir como una advertencia a la sociedad: si no limitamos el número y la intensidad de distintos estreses asociados al cambio climático que introducimos en nuestro entorno, podemos encaminarnos hacia un planeta que no soporte el rápido aumento del crecimiento de nuestra especie.

Cómo mejorar el rendimiento de los cultivos

Las observaciones alarmantes en la planta Arabidopsis thaliana deben ser corroboradas por estudios adicionales que aborden las respuestas de diferentes especies de plantas, microbiomas y cultivos a las combinaciones de estreses.

A partir de enfoques multidisciplinares podemos mitigar los efectos negativos en relación a la producción agrícola. Estos deben incluir la mejora y la ingeniería de plantas para desarrollar variedades resistentes, el aumento de la biodiversidad de cultivos utilizados en la agricultura y la manipulación de las interacciones planta-microbiota.

Tal enfoque integraría experimentos de laboratorio, en cámaras de cultivo, invernaderos y campos para evaluar las respuestas de las plantas a través de estudios de asociación del genoma completo de diferentes cultivos y especies.

Además, otros campos de investigación, como las ciencias de los materiales, la nanotecnología, la física y la química, así como el uso de métodos avanzados de agricultura de precisión podrían complementar los trabajos de mejora y protección de las plantas y cultivos frente a los efectos devastadores del cambio climático.

Conocer cómo interactúan entre sí los distintos genes, hormonas y metabolitos que regulan cada una de las respuestas de las plantas al estrés y cómo interactúan durante combinaciones multifactoriales de estreses es clave para producir plantas tolerantes a las combinaciones de factores ambientales. El camino es largo y el tiempo se agota.

Sara Izquierdo Zandalinas, Investigadora del programa Ramón y Cajal, Universitat Jaume I; Lidia Soto Pascual, Estudiante de doctorado en el área Bioquímica y Biología Molecular, Universitat Jaume I; María Fernanda López Climent, Profesor ayudante doctor en el Área de Producción Vegetal, Universitat Jaume I, and Vicente Vives Peris, Investigador postdoctoral del Área de Producción Vegetal, Universitat Jaume I

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.